A finales de los años ochentas, comenzamos a explorar y a aprender sobre la forma como las niñas, los niños y los docentes, de seis países de la Región Latinoamericana, respondían, en un principio, a la posibilidad de prepararse para enfrentar emergencias en sus respectivos centros educativos, hoy con satisfacción, tanto desde el punto de vista cuantitativo, como cualitativamente, se observan en Ministerios de Educación y Universidades alentadores avances los cuales, sin acercarse aún a lo fundamental y necesario, evidencia que poco a poco, se va creando en las instituciones educativas y las rectoras de la educación regional y subregional, una cultura de la prevención, un compromiso con la vida.
¿Cómo ha sido posible que, poco a poco, la educación está siendo considerada por las y los " desastrólogos" como la mejor herramienta para cambiar el paradigma sobre el riesgo y los desastres y, como, las y los rectores de la educación están reconociendo que no es posible imaginar siquiera una educación de calidad, si esta no es nutrida con contenidos y ejercicios educativos que conduzcan a ir variando los estilos de vida y las decisiones que históricamente han atentado contra la vida, en todas sus formas y manifestaciones.?
Creo que en conjunto podemos aportar datos que pueden permitirnos reconstruir hechos que explican los avances logrados hasta hoy.
En el libro Educación y Gestión del Riesgo... Una experiencia por compartir, hice un primer intento de recoger y algunas evidencias pero, no hay duda que solamente se puede considerar como un primer paso en ese sentido.
Trabajemos juntas y juntos a rescartar antecedentes que lejos de representar un historia por sí misma, determinarán una base para entender mejor lo logrado y orientarnos mejor hacia el futuro, por nuestro compromiso con la vida.